JK Rowling y los 12 fracasos que la llevaron al éxito

De pequeña, a Jo le divertía escribir cuentos fantásticos. “La primera historia que escribí en mi vida, cuando tenía cinco o seis años, fue sobre un conejo llamado Rabbit. Tenía sarampión y le visitaban sus amigos, incluyendo una abeja gigante llamada Miss Bee”, dijo una vez.

Desde hace tiempo tengo la sensación de que, en un mundo sano, la etapa más feliz de un ser humano es la infancia, aunque cuando somos niños no nos damos cuenta y pasamos por esta fase empeñados, muchas veces, en hacernos mayores. Luego viene la edad adulta y, con ella, las responsabilidades. Sin embargo, también creo que esas cosas por las que nos sentimos atraídos en nuestros primeros años nos acompañan siempre.

A los 20 años, Jo compaginaba sus estudios en la universidad con un trabajo de oficina en Londres que le permitía pagar las facturas. A pesar de que ella misma ha reconocido que ese empleo fue una de las experiencias más inspiradoras de su trayectoria, la escritura siguió abriéndose hueco y no dudaba en aprovechar las horas de descanso para continuar inventando historias.

Pero todos sabemos que no hay planes que puedan anteponerse a los que la vida tiene para nosotros y, con veintitantos, sin empleo, con un divorcio tortuoso a sus espaldas y una niña pequeña a la que sacar adelante, Jo sintió un profundo fracaso de sí misma. “Ese periodo de mi vida fue muy oscuro, y no tenía idea de que pasaría lo que la prensa llama ahora un final de cuento de hadas. No tenía idea de cómo de largo era el túnel, y durante mucho tiempo, cualquier luz al final de él era más una esperanza que una realidad”, declaró.

El fracaso es un concepto muy difícil de medir. De hecho, para cada uno supone algo diferente como lo es también la manera de afrontarlo. Dice Elsa Punset en este vídeo que las personas con enfoque incremental (frente a las de enfoque fijo) son aquellas que ven el fracaso como una estrategia para mejorar y una prueba de que se están esforzando por estirar sus límites actuales.

A Jo su sentimiento de “fracaso” no la paró. Continuó escribiendo historias y completó su primera novela. Apostó por una idea que había tenido cuando, en un viaje de Mánchester a Londres, el tren en el que viajaba tuvo problemas y sufrió un retrasó de cuatro horas: aquí nació la idea de la escuela de magos. Y Harry Potter.

Pero todavía quedaban más piedras en el camino: Harry Potter y la piedra filosofal fue rechazado por 12 editoriales antes de que, la número 13, Bloomsbury Publishing, diera el sí y la publicara en 1997. JK Rowling tenía entonces 32 años y el resto de la historia te sonará: seis libros más de la saga, las películas y todo lo que rodea al universo del mago.

¿Cuántas veces dirías que serías capaz de probar con algo que desees mucho antes de darte por vencido? Porque dice Elsa Punset que lo natural es fracasar y que la clave no está en el resultado, sino en los esfuerzos. Y yo (estoy segura de que tú también) me he esforzado mucho este -no encuentro adjetivo para calificarlo- 2020, aunque el balance no cuadre con mis expectativas.

Este año más que nunca nos hemos dado cuenta de que hay muchas cosas ahí fuera que no controlamos. La buena noticia es que lo que sí está en nuestras manos es la oportunidad de seguir intentándolo. Y, no, no hace falta esperar a 2021, podemos hacerlo desde ya.

Volver arriba